carta de bienvenida

Desde octubre de 2018 soy Presidente del Hipódromo de La Zarzuela, principal hipódromo español y uno de los más emblemáticos de Europa, lo que supone, sin duda, un enorme privilegio para mí. Amante de las carreras desde siempre, mis primeros recuerdos del hipódromo son en la pradera corriendo programa en mano a modo de fusta. Todavía guardo en la memoria el día en que Teresa viajó a la conquista del Arco con todo un Hipódromo pendiente de la radio y las pantallas, o el día en que Partipral volaba hacia la victoria en el Memorial del 94.


En este hipódromo viví el sueño de cualquier propietario de ver por primera vez sus colores en pista y la emoción de disputar grandes Premios, sin duda una de las aventuras más apasionantes que he podido compartir y que hacen que las carreras de caballos sean algo inigualable, donde el vínculo con el caballo deja huella para siempre.


Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no es el caso del Hipódromo de la Zarzuela, hoy un moderno y espléndido recinto que ha recuperado su imagen original y es declarado Bien de interés Cultural, una joya arquitectónica con sus tribunas del ingeniero Torroja y su museo en el interior, que hoy de nuevo, como antaño, es centro principal de las mejores Carreras de Caballos en España.


No hay un espectáculo igualable a ver a los purasangres galopar en nuestra magnífica pista. Precisamente ahora, que en 2019 se cumplen 100 años de la primera disputa del Gran Premio de Madrid merece la pena visitar nuestro recinto a menos de ocho minutos del centro la ciudad, con las mejores vistas del “skyline” de Madrid, donde ofrecemos el espectáculo de ver a caballos y jockeys pelear a toda velocidad en busca de la victoria, donde los sueños de propietarios y profesionales se unen para dar a la competición más antigua ese cariz especial que lo hace único, emoción y pasión por los caballos.


El Hipódromo de la Zarzuela ofrece también las mejores ofertas de gastronomía y ocio para todo tipo público, desde los más pequeños a los más exigentes visitantes, patrocinadores y marcas de prestigio. Es un recinto abierto y patrimonio de nuestros aficionados y público visitante a las carreras que día a día llenan nuestro recinto.


No perdáis la oportunidad de conocernos, en Hipódromo de la Zarzuela trabajamos para ofrecer la mejor experiencia deportiva  y de ocio que puedas encontrar en Madrid.


Álvaro Gutiérrez de la Fuente
Presidente de Hipódromo de La Zarzuela

nuestra historia

Historia del Monumento

Antecedentes

Las tribunas del Hipódromo de La Zarzuela, declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento en octubre de 2009, se empezaron a construir en 1935, aunque no se inauguraron hasta mayo de 1941, debido a la Guerra Civil -la obra ya estaba prácticamente terminada al inicio de la misma.

El Hipódromo, adscrito a Patrimonio Nacional y diseñado por los arquitectos Carlos Arniches, Martín Domínguez y por el ingeniero Eduardo Torroja, está consdierado como una de las obras maestras de la arquitectura madrileña del siglo XX, ya que significó un avance importante desde el punto de vista estructuras, así como por el tipo de materiales empleados en su contrucción. Se incluye dentro de la corriente arquitectónica denominada "orgánica". La ingienería constituye parte fundamental del proyecto y destaca del conjunto la cubierta de las tribunas con sus amplios voladizos.

Esta obra, que entonces supuso una auténtica innovación en los sistemas de construcción, conserva actualmente su estructura tal y como se proyectó, después de ser reparada de los impactos que sufrió durante la guerra civil española. Todavía hoy sigue siendo visitada por especialistas nacionales y extranjeros para estudiar su solución estructural.

El Hipódromo es de una belleza singular destacando la construcción de las viseras de las tribunas, un espléndido, novedoso y muy premiado proyecto del ingeniero de caminos Torroja, responsable de la realización de importantes edificios civiles en los años treinta y especialista en el estudio de nuevos materiales de gran resistencia, especialmente el hormigón armado.

La principal novedad de ese proyecto fue la cubierta de la tribuna, hecha con láminas de hormigón armado en forma de hiperboloides, que con sólo 5 cm. de espesor en el extremo de los voladizos soportan todos los esfuerzos sin nervios ni refuerzos, simplemente con un anclaje posterior de tirantes, separados por cinco metros. La marquesina laminar vuela casi 13 metros.

El graderio de los espectadores se sustenta en su parte superior en un soporte vertical principal y en su interior en otro soporte de gran rigidez. La posición de éste viene obligada por la necesidad funcional de alojar bajo la grada una galería con salida directa a la pista. Volada sobre ménsulas que salen del soporte principal, bajo la galería delantera, se dispuso una galería de servicio no abierta al público.

Para los muy expertos es interesante reseñar las palabras del propio Torroja que definía su propia obra de la siguiente manera en la revista de Obras Públicas de junio de 1941: “Algunos me han preguntado cómo nacieron las cubiertas laminares del Hipódromo de Madrid. Y bien, ellas no son, ni la obra de un genio, ni el resultado de una idea maravillosa o de una momentánea inspiración, son simplemente el resultado de un estudio de la evolución anterior de las formas del hormigón armado”. A lo que añadía: “para un ojo medianamente acostumbrado a este tipo de estructuras resultaba claro que esta forma de lámina era apta para resistir bien los esfuerzos y el fenómeno estructural que se le pedía (…) quizás lo más interesante de esta estructura era la imposibilidad de desarrollar un cálculo analítico perfecto de la misma, pero que ello no justificaba una negativa a su empleo, ya que las ventajas de ligereza, de adaptabilidad al fenómeno resistente y de efecto estético parecían evidentes.”