Tengo el privilegio de ser, desde febrero de 2012, la Presidenta del Hipódromo de La Zarzuela. Desde entonces, lidero un proyecto apasionante con dos retos fundamentales: impulsar el Turf y darlo a conocer a un público cada vez más extenso, y convertir el Hipódromo en un lugar de encuentro entre los madrileños, así como en una referencia de ocio de calidad en Madrid.
Acabamos de celebrar el 75 aniversario de su apertura, y me enorgullece decir que el Hipódromo está más bonito que nunca, con nuevas zonas para acoger al público y nuevos contenidos –como el Museo Eduardo Torroja- para hacer de la visita una experiencia aún más completa. La nueva y recuperada “pelouse” está llamada a convertirse en el corazón del espectáculo, una pradera de más de 6.000 metros cuadrados desde la que sentir el galope de los caballos a sólo unos metros, mientras se disfruta de la gastronomía ante el skyline más espectacular de la ciudad. Y bajo las mismas tribunas, el Museo Eduardo Torroja ofrece la posibilidad de conocer la trayectoria de este célebre ingeniero, cuya obra cumbre, el Hipódromo de la Zarzuela, está íntimamente ligada a la historia de nuestras carreras, y cuenta con un espacio propio dentro de la muestra.
Creo sinceramente que no hay en Madrid un recinto que ofrezca al visitante una experiencia más rica que el Hipódromo de la Zarzuela: emoción, espectáculo, diversión, gastronomía y cultura en un recinto monumental a diez minutos del centro de Madrid. El mejor escenario posible para uno de los deportes más estéticos y fascinantes: las carreras de caballos.
Este es nuestro proyecto, una aventura a la que cada vez se suman más aficionados. Te invito a conocerlo.

Faina Zurita
Presidenta de Hipódromo de La Zarzuela

nuestra historia

Historia del Monumento

Antecedentes

Las tribunas del Hipódromo de La Zarzuela, declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento en octubre de 2009, se empezaron a construir en 1935, aunque no se inauguraron hasta mayo de 1941, debido a la Guerra Civil -la obra ya estaba prácticamente terminada al inicio de la misma.

El Hipódromo, adscrito a Patrimonio Nacional y diseñado por los arquitectos Carlos Arniches, Martín Domínguez y por el ingeniero Eduardo Torroja, está consdierado como una de las obras maestras de la arquitectura madrileña del siglo XX, ya que significó un avance importante desde el punto de vista estructuras, así como por el tipo de materiales empleados en su contrucción. Se incluye dentro de la corriente arquitectónica denominada "orgánica". La ingienería constituye parte fundamental del proyecto y destaca del conjunto la cubierta de las tribunas con sus amplios voladizos.

Esta obra, que entonces supuso una auténtica innovación en los sistemas de construcción, conserva actualmente su estructura tal y como se proyectó, después de ser reparada de los impactos que sufrió durante la guerra civil española. Todavía hoy sigue siendo visitada por especialistas nacionales y extranjeros para estudiar su solución estructural.

El Hipódromo es de una belleza singular destacando la construcción de las viseras de las tribunas, un espléndido, novedoso y muy premiado proyecto del ingeniero de caminos Torroja, responsable de la realización de importantes edificios civiles en los años treinta y especialista en el estudio de nuevos materiales de gran resistencia, especialmente el hormigón armado.

La principal novedad de ese proyecto fue la cubierta de la tribuna, hecha con láminas de hormigón armado en forma de hiperboloides, que con sólo 5 cm. de espesor en el extremo de los voladizos soportan todos los esfuerzos sin nervios ni refuerzos, simplemente con un anclaje posterior de tirantes, separados por cinco metros. La marquesina laminar vuela casi 13 metros.

El graderio de los espectadores se sustenta en su parte superior en un soporte vertical principal y en su interior en otro soporte de gran rigidez. La posición de éste viene obligada por la necesidad funcional de alojar bajo la grada una galería con salida directa a la pista. Volada sobre ménsulas que salen del soporte principal, bajo la galería delantera, se dispuso una galería de servicio no abierta al público.

Para los muy expertos es interesante reseñar las palabras del propio Torroja que definía su propia obra de la siguiente manera en la revista de Obras Públicas de junio de 1941: “Algunos me han preguntado cómo nacieron las cubiertas laminares del Hipódromo de Madrid. Y bien, ellas no son, ni la obra de un genio, ni el resultado de una idea maravillosa o de una momentánea inspiración, son simplemente el resultado de un estudio de la evolución anterior de las formas del hormigón armado”. A lo que añadía: “para un ojo medianamente acostumbrado a este tipo de estructuras resultaba claro que esta forma de lámina era apta para resistir bien los esfuerzos y el fenómeno estructural que se le pedía (…) quizás lo más interesante de esta estructura era la imposibilidad de desarrollar un cálculo analítico perfecto de la misma, pero que ello no justificaba una negativa a su empleo, ya que las ventajas de ligereza, de adaptabilidad al fenómeno resistente y de efecto estético parecían evidentes.”