
Antes de la reapertura del Hipódromo de La Zarzuela en 2005, el Gran Premio de Madrid alcanzó la cifra de 70 ediciones, ya que no se corrió desde el 36 al 40 por la Guerra Civil y por la construcción de La Zarzuela. Desde 2006, todos los últimos domingos de junio se disputa una nueva edición de este Gran Premio, uno de las más importantes del calendario nacional. Grandes caballos, grandes propietarios y grandes jockeys, han dejado su huella imborrable en la estadística de los ganadores de la mejor carrera madrileña durante los más de 70 años de historia.
Un poco de historia
El primer Gran Premio de Madrid se disputó en el año 1881, tres años después de que se inaugurara el Hipódromo de La Castellana; la prueba fue ganada por la yegua Sirena. Entre 1881 y 1919 la prueba se siguió denominando Gran Premio de Madrid, aunque posteriormente fue rebautizada como Premio Nacional. De esta manera, y con la nueva nomenclatura, se puede decir que las estadísticas del Nacional datan de 1881 y las del Gran Premio de Madrid de 1919.
En 1919 se corrió por primera vez lo que hasta hora se ha conocido como Gran Premio de Madrid, es decir la mejor dotada y más prestigiosa de las carreras intergeneracionales que se disputaban en España. En aquel año y en los dos posteriores la prueba fue ganada por Nouvel An, de la cuadra Cimera-Martorell. Este récord de tres victorias consecutivas sólo ha sido igualado en la historia del Gran Premio de Madrid por Colindres, del conde de Cimera, de 1927 a 1929, y por El País, de la cuadra Mendoza, de 1980 a 1982.
Con el cierre del hipódromo de la Castellana en el año 1933, el Gran Premio de Madrid de ese año se disputó en el hipódromo de Legamarejo de Aranjuez. En los dos años siguientes y antes del comienzo de la Guerra Civil, la carrera tuvo lugar en el hipódromo guipuzcoano de Lasarte.

La carrera ha estado destinada a toda clase de caballos enteros y yeguas de más de tres años. Los caballos de cuatro años y más llevaban un peso de 59 kilos, los de tres años, de 53 kilos, mientras que las yeguas tenían un descargo de 2. Hasta el año 1985, con Richal como ganador, las condiciones de la carrera variaban cada cierto tiempo y había recargos en función de los premios ganados hasta la fecha, del sexo del ejemplar, de los años y de su origen nacional o importado. Por lo tanto, en cierta medida, el Gran Premio fue durante la mayor parte de su vida un mal handicap.
El Gran Premio de Madrid, siempre fue la prueba de mayor dotación de las que se disputaban en Madrid y de las que se corrían en toda España. Se la puede considerar la gran carrera intergeneracional de España, donde caballos y yeguas de tres años se veían las caras con los “viejos” más curtidos. Los primeros venían de correr el Derby y los Oaks, mientras que los segundos habían disputado como principal prueba preparatoria el premio Capitán General Franco. En su nacimiento, el Gran Premio de Madrid intentaba asemejarse a otras grandes carreras del calendario hípico internacional, como el King George, de Ascot, que se corre en julio, o el Gran Premio de París, que se disputa en el hipódromo de Longchamp, el último domingo de junio, coincidiendo casi siempre en fecha con el de Madrid.

El año 1966 marcó un hito en la historia del Gran Premio de Madrid porque fue la única edición en la que se llevó el premio un caballo gracias al distanciamiento de otro. En una apretadísima llegada, Rochebrune, propiedad de Jaime Badillo, se impone a Reltaj y a Enki, ambos de la cuadra Villapadierna. Tras la entrega de la copa y la adjudicación del título de ganador a Rochebrune, y cuando ya todos los apostantes habían tirado los boletos, una reclamación cambió el orden de llegada distanciando al vencedor al tercer puesto por haber molestado, en el tramo final de la recta, a Enki. El orden definitivo de llegada fue Reltaj, Enki, Rochebrune. Jaime Badillo tuvo, en este caso insólito, que devolver la copa. En ese maldito día para sus colores prometió que no volvería a tener más un caballo en el hipódromo. Quince años después, el gusanillo hípico se avivó de nuevo y volvió a ser propietario en el Hipódromo de La Zarzuela.
El Gran Premio del Duque
El Duque de Aburquerque, uno de los personajes más emblemáticos del turf español durante tres décadas, logró imponerse en el Gran Premio de Madrid del año 68 como jockey, preparador propietario y criador, lo que supuso un record histórico nunca más igualado. Pese a ser Tebas una yegua nacional y tener derecho a portar 49 kilos, el Duque decidió montarla, por lo que tuvo que hacerlo a un peso superior del establecido: el suyo propio (60 kilos). Sin estar entre los favoritos de la prueba, Tebas se logró imponer en la prueba reina madrileña al favorito de la misma, Donagua que fue tercero, y a Florián, que llegó en segunda posición. El gran jockey italiano Camicci, habitual jinete del mejor caballo transalpino de todos los tiempos, Ribot, doble vencedor del Arco del Triunfo francés entre otras azañas, se subió a lomos de Donagua. El Duque pudo con todos. La gemela pagó uno de los dividendos más altos de la historia del Gran Premio de Madrid.
Piggott gana el Gran Premio
Lester Piggott, el para muchos mejor jockey en la historia del turf contemporáneo, vino a Madrid a montar en el Gran Premio de 1967, y engrandecer así la historia del Hipódromo de La Zarzuela. Se subió a lomos de Toté, un modesto caballo que para muchos no tenía nada que hacer en la edición de ese año. Piggott sabedor de la condición de outsider del pupilo de la Yeguada Olé llevó al caballo bien arropadito toda la carrera, en mitad de pelotón. En un magnifico rush final y haciendo gala de gran energía, Piggott se impuso en la meta por medio cuerpo a los grandes favoritos de la carrera; Ferial, de la cuadra Beamonte llegó segunda, y tres Villapadiernas, Enki, Reltaj y La Scandalosa, (ganadora de los Oaks de ese mismo año) se clasificaron en tercera, cuarta y quinta posición, respectivamente. Piggott llegó, montó y venció.

Sólo tres caballos han ganado en tres ocasiones la prueba reina del turf español: Nouvel An (1919, 1920 y 1921), Colindres (1927, 1928 y 1929) y El País (1980, 1981 y 1982).
Cuatro caballos lograron a tres años ganar el Derby y también el Gran Premio de Madrid: Wildsun (1959), Caporal (1961), Vichisky (1988) y Akelare (1990).
Tan sólo una yegua logró imponerse a tres años en el Derby y también en el Gran Premio de Madrid: Travertine (1971) fue 2ª en el Oaks.
Dos caballos ganaron también el Derby y el Gran Premio en años consecutivos: Chacal 1974 y 1975, y Brezo 1982 y 1983.
Los jockeys que más carreras han ganado han sido ...
Claudio Carudel (12)
Victoriano Jiménez (9)
Román Martín (6)
Cristobal Medina (3)
Alvaro Díez (3)
Carlos Belmonte (3)
George Archibald (3)
Carlos Díez (2)
Las cuadras que más carreras han ganado han sido ...
1. Rosales en nueve ocasiones: Travertine, My Mourne, Takala, Chacal, Brezo, Richal (2 veces) y Casualidad (2).
2. Cimera, en otras nueve ocasiones: Nouvel An (3), Lighfoot, Colindres (3) y Atlántida (2).
3. Beamonte, con seis victorias Capelán, Wildsun, Nembutal, Nertal (2) y Aray.
4. Villapadierna, con seis victorias: Baratísima, Gomá, Toragua, Reltaj, Ifniri y Rheffissimo.
5. Mendoza, en cinco ocasiones: El Señor (2) y El País (3).
6. Yeguada Militar, con cinco victorias: Camprodón, Bouquet, Gitanillo e Ivanhoe (2).
Los mejores sementales
De entre los que triunfaron en la pista del Hipódromo de La Zarzuela y también en la yeguada destacan sobremanera cuatro grandes caballos de la década de los setenta y principios de los ochenta: Rheffissimo, Chacal, El Señor y El País.
Rheffíssimo: El hijo de Reffic II y La Sanctísima, nacido en 1973, ganador a tres años del Gran Premio de Madrid y retirado a criar en 1978 dio uno de los grandes cracks del turf español: Teresa. Una yegua genuinamente española nacida y criada en nuestro país que triunfó tanto en España como en Francia, donde tuvo destacadas actuaciones en las carreras de grupo Prix Vermeille y Arco del Triunfo. Ha sido quizá la yegua de mayor clase de todas las que han corrido en La Zarzuela y se impuso con gran claridad a las yeguas de su generación en los Oaks, Grupo I y ganó también el Gran Criterium. Otro de los mejores descendientes del caballo francés fue Casualidad, un macho con un físico en apariencia limitado pero que con los años fue cogiendo empaque y se llegó a adjudicar en diversas ocasiones las pruebas más relevantes del calendario hípico español. Ganó en dos ocasiones el Gran Premio de Madrid, así como el Memorial Duque de Toledo y el Corpa. Se impuso también en una distancia muy superior, demostrando gran capacidad competitiva, en el Gladiateur. Otros de los hijos destacados de Rheffissimo son: Finísimo (ganador del Derby); El Cricri (se impuso en el Villamejor y en la Copa de Oro); Canaletto (Copa de Su Majestad el Rey y Memorial Duque de Toledo) y Villablanca (Copa de Su Majestad el Rey).
Chacal: El caballo irlandés del 71, hijo de Le Levanstell y Polar Point, fue ganador del Gran Premio de Madrid a cuatro años. Entre sus hijos destacan Richal, dos veces ganador de la prueba cumbre madrileña y una victoria en el Corpa; Brezo, que salió victorioso en el Derby, Gran Premio de Madrid y Corpa, entre otras pruebas, y Triunfo vencedor en el Derby, Villamejor, Copa de Oro de San Sebastián, Copa de Su Majestad el Rey y Memorial Duque de Toledo. Otros de los productos más destacados de Chacal son: Dunhill (ganador del Gran Premio Mundial 82, Grupo I), Number One (Copa de Su Majestad el Rey, Derby y Gladiateur); Feeling (Copa de Su Majestad el Rey y Gran Criterium); Leyla (Oaks Antonio Blasco y Gran Criterium); Bala (Gladiateur); Balada (dos victorias en el Gran Premio de San Sebastián); El Alcázar (Copa de su Majestad el Rey).
El Señor: El caballo irlandés del 74, hijo de Taj Dewan y Mecca II, fue ganador del Gran Premio de Madrid en dos ocasiones. Su mejor producto fue sin duda el macho Adriático, que logró imponerse en el Derby, Copa de Oro de San Sebastián, Memorial Duque de Toledo, Villamejor y fue segundo en el Gran Premio de Madrid. Otros de sus productos destacados son: Sí Señor (ganador en el Gobierno Vasco y 4º en el Gran Criterium); Socram (Antonio Blasco y Gobierno Vasco); Señor Moet (2º en el Corpa, vencedor en el Gran Premio Donosti y 3º en el Memorial Duque de Toledo) y Señor Uvas (3º en el Villamejor).
El País: El hijo de Hig Line y Filiform, nacido en 1977, ganador entres ocasiones del Gran Premio de Madrid, a la edad clásica y en los dos años posteriores. Fue retirado a criar en 1983 dando productos de menos calidad que los caballos antes mencionados. Entre sus mejores hijos destacan Faro Galea, ganador del Corpa y 3º en el Gran Premio de San Sebastián y Cin (Premi Satrustegui, Grupo II y Copa de Criadores).
Vichisky: El caballo inglés hijo de Ille de Bourbon y Heaven Chosen, nacido en 1985 y vencedor del Gran Premio de Madrid en 1988, tuvo como principales productos a Al Melody quien se adjudicó entre otras carreras el Gran Premio Internacional, Grupo II, y la Copa de Criadores, en esa misma carrera otro hijo de Vichisky, Al River fue tercero.
En el año 1952, el Conde de Villapadierna ya se estaba consagrando como lo que luego fue, uno de los mejores propietarios y criadores en la historia de las carreras en España. En el Gran Premio de aquel año se presentaron dos de sus productos: Gomá, que se hizo con la victoria, y la yegua de Beamonte Lady Colne, que logró la tercera plaza, habiendo corrido desetribada la mayor parte de la carrera ¿Quién sabe si una monta más afortunada la hubiera permitido escribir su nombre entre el de los vencedores?
Las expectativas que de cara al Gran Premio de Madrid puede levantar una hembra, que además de en el Gran Criterium, es capaz de imponerse a los machos en el Derby, como en el 63 lo hizo Tacora, tienen forzosamente que ser elevadas. Terminaría segunda de Nertal en la que fue su actuación más prometedora, de no ser por que de ella salió irreversiblemente lesionada de aquel Gran Premio de Madrid, extendiendo entre todos la frustración de que no haber podido mostrarnos su verdadero techo.
Frisco, verdadero “Caballo de hierro” de su época, hizo de la resistencia su principal virtud, lo que le llevó a prodigarse en exceso para lo que es deseable en un caballo de Gran Premio. Esa vida tan ajetreada le provocó no llegar siempre en forma a la prueba cumbre madrileña, por lo que alcanzó su mejor resultado en esta gran carrera a la edad de seis años, un segundo puesto en 1964.
El Villapadierna Enki llegó a ser segundo y tercero en el Gran Premio de Madrid pero nunca logró imponerse en la prueba. En la primera oportunidad con la edad clásica alcanzaría el segundo puesto tras el polémico distanciamiento de Rochebrune y porque al ser de la misma cuadra que Nertal y llevar la banda hizo la carrera a favor de su compañero no pudiendo dar su verdadero valor; al año siguiente, en 1967, completaría la prueba con un tercer puesto, con Tote y Ferial precediéndole. Un alargamiento excesivo de su carrera competitiva, ya corriendo para otros colores, no contribuyó a mantener su merecida aureola de buen caballo.
El año 1966 marcó un hito en la historia del Gran Premio de Madrid porque fue la única edición en la que se llevó el premio un caballo gracias al distanciamiento de otro. En una apretadísima llegada, Rochebrune, propiedad de Jaime Badillo, se impone a Reltaj y a Enki, ambos de la cuadra Villapadierna. Tras la entrega de la copa y la adjudicación del ganador a Rochebrune, y cuando ya todos los apostantes habían tirado los boletos, una reclamación cambió el orden de llegada distanciando al vencedor al tercer puesto por haber molestado, en el tramo final de la recta a Enki.
Aunque tercera en el escalafón de una generación muy jerarquizada como fue la dominada por Maspalomas y La Scandalossa; sólo la decisión de Lester Piggott de venir a subirse sobre Toté en el Gran Premio del 67, impidió a Ferial ser, con tres años, la laureada en el gran Premio de Madrid, batiendo aquí, como después en el Villamejor, a sus enconados rivales de generación.
Maspalomas fue uno de los caballos más queridos por al afición española. A tres años ganó el Gran Criterium, el Memorial Duque de Toledo y el Gladiateur. Sin embargo, no se pudo colocar en el Gran Premio del 67.
Aunque tardíamente, Terborch alcanzó el valor suficiente para ser el campeón indiscutible en su momento cumbre; pero fue Travertine, la entonces tres años de Rosales, quien se cruzó en su camino en el Gran Premio del 71; cuando Terborch ya tenía la bedsoniasis. En su retorno, la enfermedad padecida no le permitiría correr ya en su antiguo valor.
Fueron muchas las hembras de la Cuadra Mendoza que ofrecieron un destacado papel en la competición. Favallú sobresalió entre las mejores de ese elenco, con un tercer puesto a tres años en el Gran Premio de Madrid del 76, reafirmado al año siguiente con la segunda plaza.
Cuando la trayectoria de un clásico ha resultado impecable, tanto a esa edad como, previamente, en su campaña precoz, la natural tendencia de los aficionados a erigir craks, sitúa su probabilidad como preferencia generalizada en cualquier carrera en que participe. Barilone llegó con ese cartel al día del Gran Premio pero no pudo superar la resistencia de su coetáneo El Señor. Y ahí, naufragó cualquier futura expectativa, pues el Rosales no volvería a correr jamás tras ese día.
De auténtica “llamada de la sangre” cabe denominar la presencia de Chamartín en la prueba cumbre madrileña del año 80, ya que nunca pasó de ganar por encima de 1.600 metros y, sin embargo, fue segundo y pudo poner en mayores aprietos a El País, de no haber compartido ambos caballos los mismos colores. A su abuelo materno Reltaj, tan limitado en distancia como él, cabe imputar la responsabilidad de tal hazaña, que desde luego gozó de mayores dosis de suerte que su nieto en ese gran día.
Teresa, una yegua genuinamente española nacida y criada en nuestro país que triunfó tanto en España como en Francia, donde tuvo destacadas actuaciones en las carreras de grupo Prix Vermeille y Arco del Triunfo. Ha sido quizá la yegua de mayor clase de todas las que han corrido en La Zarzuela y se impuso con gran claridad a las yeguas de su generación en los Oaks y ganó también el Gran Criterium. Nunca le dieron la oportunidad de demostrar su clase en el Gran Premio de Madrid.
Si se le pregunta a los aficionados por los grandes caballos de principio de los ochenta, en la supuesta lista estaría sin ninguna duda Indian Prince. El caballo de la cuadra Arabian que ganó a tres años y de punta a punta la Copa de Oro de San Sebastián y, a seis, el Memorial Duque de Toledo, no tuvo suerte en el Gran Premio de Madrid donde solo logró arañar una sexta plaza. Años más tarde demostraría su clase sobre un metraje superior en Inglaterra, llegando tercero en la Copa de Oro de Ascot.
Pocos casos de tan evidente adaptación existen en la historia del Gran Premio de Madrid como el de El País, que logró ganar la carrera en tres años consecutivos, quizá el caballo chileno Pier Luigi es el único que le hace sombra en regularidad. Sin ser un ejemplar sobresaliente acertó a encadenar segundo-tercero-segundo, con extrema puntualidad a cuatro, cinco y seis años, en la década de los ochenta.
En carreras, como en tantas cosas, son bastantes las veces en que la moderna historia se escribe literalmente sobre párrafos antiguos: Favallú no pudo, por poco, traspasar victoriosamente el umbral del Gran Premio; como tampoco lo pudo hacer siete años después su hija La Novia, que a cinco años, con mucho mejor historial conquistado que su madre y como ella portadora de los colores de Mendoza, tuvo que conformarse con un tercer puesto en el primer año victorioso de Richal.
Casi todas las razones valen para justificar el que un caballo bueno o incluso sobresaliente, termine por no ganar la prueba estelar de su país. Si además su hegemonía se viene demostrando sobre la milla, parece que no hay más que hablar. Sin embargo, si el caballo con ese perfil como fue Partipral acomete en un momento determinado el Memorial y se pasea; y brilla primero en Francia en la nueva distancia para la que ahora es entrenado, su candidatura al Gran Premio se antoja como un hecho natural. Una oportunidad que nunca le concedió la historia, ya que el Gran Premio de Madrid fue retirado del calendario hípico en el año 1993.